lunes, 21 de mayo de 2018

EL DERECHO A ELEGIR

Mucho he leído de la boda real desde ayer. No me levanté a las 4:30 a.m para verla en vivo y en directo, pero apenas me hicieron efecto las dos tazas de café, me la pasé horas leyendo todas las noticias, viendo los reviews sobre los sombreros, los vestidos y los trajes, y dándole ‘play’ veinte veces al mismo video para ver la cara de Harry cuando vio a Meghan llegar a su encuentro.

Nada de lo anterior me parece reprobable o vergonzoso.

Más allá de todo lo que pueda pensar de las monarquías -y la detestable manera en que gastan el dinero del pueblo- la boda real rompió con muchos esquemas sobre clases sociales y diversidad racial, convirtiéndose en un canto al amor que refleja nuestros tiempos.

He leído por allí que Meghan tendrá que “renunciar” a muchas libertades de su vida como plebeya... Nadie la ha obligado, no fue forzada a casarse como en el Oscurantismo, ni la han sometido a aceptar condiciones a las que ella no ha accedido.

Es justamente es esa posibilidad de elegir su destino -ya haya sido junto a un príncipe o un sapo- que radica su poder y autonomía como mujer. No por haber decidido y aceptado por cuenta propia casarse y seguir las reglas y protocolo que su título nobiliario le merecen, es Meghan una sometida, una anti-feminista o una traidora de los derechos de la mujer.

Por el contrario. Ha sido lo suficientemente valiente como para enfrentarse a una familia y un círculo tan hermético, siendo una figura pública reconocida, que nunca se ha cuestionado su pasado, sus raíces étnicas o su forma de pensar y opinar.

A mi me gustan los cuentos de hadas. Desde que soy un niña. Me emociono, se me salen lágrimas de cocodrilos y suspiro como quinceañera. Pero esta boda no solo me llevó a hacer todo eso, sino a creer al final, a pesar de todo y contra todo lo impuesto, el amor siempre gana.

♥️Esther


Esther Lev Schtirbu
Comunicadora&Bloguera
Fotógrafa&Maquillista

FB: Los Fabulosos 30+
IG: @estherlev76
IG: @estherlevphotopassion
Tel: 8926-6572 / 2588-1844

¡ESTAMOS TAN LINDAS!

Escribo mientras estoy tumbada por un resfrío sin preaviso. Esta semana me invitaron al Mercedes-Benz Fashion Week -y mi única queja- es que en los desfiles de la noche el aire acondicionado estaba en modo congelador. Ya ayer me sentía bastante malunga, hoy amanecí con fiebre y sorda de una oreja de la congestión.

En fin...

Estos días de tanta moda y glamour me han dejado algo drenada. Lo he disfrutado miles, pero eso de tener que arreglarse de pies a cabeza tres veces consecutivas es un poquito “too much” para mí... Digamos que yo preferiría estar en el ‘backstage’ en mis cómodos jeans y Converse maquillando, peinando y fotografiando a las modelos.

Sin embargo esta oportunidad de participar del mundo fashion me hizo darme cuenta de algo mientras observaba a las mujeres que asistieron a los desfiles, a las diseñadoras, las organizadoras, etc., muchas de ellas contemporáneas conmigo, otras mayores.

Las mujeres después de las cuatro décadas estamos lindísimas -modestia aparte- me disculpan. Tenemos algo en la forma de caminar, de hablar, de movernos que nos hace tan interesantes, libres y seductoras. Y ojo; no estoy diciendo que las jovencitas de 20 o 30 no estén preciosas, pero pasados los cuarenta tenemos cara de que ya las cosas que antes tanto nos preocupaban, ahora son solo un recuerdo. Nos divertimos con soltura, nos reímos ruidosamente y finalmente nos vestimos como nos da la gana, esté o no esté “a la moda”.

En estos tres días tuve que hacer de “modelo” para las prendas que tres increíbles diseñadoras me obsequiaron para usar durante los desfiles. Mientras me tomaban las fotos estaba algo nerviosa de no desmerecer las prendas. Pero no quería parecer algo que yo no soy o imitar a las blogueras especializadas en tendencias. Yo quería representar en esas imágenes a las mujeres que a sus 40s y 50s y 60s -e incluso mucho más- finalmente se sienten cómodas en el cuerpo que les tocó nacer.

Pocas veces he recibido tantos y tan lindos comentarios ante unas fotos. ¡Estoy creidísima! Hace veinte años no habría transmitido lo que en ellas se refleja. ¡Nunca me había sentido tan linda y sexy! Las mujeres más hermosas que conozco -o que admiro- han florecido tras la cuarta década. Conocen sus mentes, sus emociones, sus habiliades, sus limitaciones, sus cuerpos, lo que les gusta y todo lo que nos les sienta bien.

Han asumido con humor y dignidad lo irremediable y le sacan el mejor provecho. Se han dejado crecer el pelo aunque “no sea para su edad” o finalmente lo han cortado muy corto para no volver a tener que lidiar con ello. Se pintan la boca colorada con maestría y sí que saben llevar un buen par de tacones aunque luego les duela la espalda tres días...

Ayer observaba a las modelos en la pasarela, tan chiquillas, tan frágiles, tan serias, y por primera vez no quise volver a tener veinte años. ¡Ni loca! Estaba feliz de estar a mis 41 sentada como espectadora, sintiéndome guapísima y agradecida con la vida por todo, absolutamente todo, lo que me ha dejado experimentar. Lo bueno, lo malo, lo complicado y lo irreverente.

¡Así que caballeros, amen a sus mujeres maduritas cada vez más, ámenlas con el pasar del tiempo, porque con los años nos ponemos mejores!😉😉😉

¡Amén!

Esther


Esther Lev Schtirbu
Comunicadora&Bloguera
Fotógrafa&Maquillista


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Tel: 8926-6572 / 2588-1844




AL RECORDAR

Anoche conmemoramos los 73 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial y rendimos homenaje a la vida de seis millones de judíos que fueron asesinados durante este terrible episodio de la humanidad.

“No es una historia sobre seis millones de vidas que se perdieron; son seis millones de historias que contar”.

Cuando pienso en esas cifras -y para ponerlo en contexto- Costa Rica no tiene seis millones de habitantes, pero sería literalmente como si el país desapareciera del mapa.

Mis abuelos paternos emigraron a este bendecido país antes que estallara la guerra porque ya presentían que algo muy peligroso se aproximaba; sin embargo muchísimos familiares murieron en los campos de concentración y las cámaras de gas.

Ayer abrazaba a mi hijo y observaba a lo lejos a mi hija, mientras escuchaba los testimonios de varios sobrevivientes, no podía dejar de pensar en la desesperación de las madres y padres al ser forzados a entregar a sus hijos y no volver a saber de ellos...

Al recordar mantenemos viva la llama de esas seis millones de almas que murieron tan injustamente, sólo por ser judíos, como yo, mi esposo, mis hijos, mi familia.

Al recordar le demostramos al mundo que cuando olvidamos lamentablemente las barbaries vuelven a cometerse. Hoy miles de personas se jactan de decir que el Holocausto fue un ‘montaje’.

Negar una maquinaria de la muerte como aquella ocurrida entre 1939-1945, en la cual aparte de judíos perecieron muchos millones de civiles de otras religiones, discapacitados, homosexuales, gitanos y cualquier persona que no fuese ‘aria’, sería como negar que las masacres de Bosnia-Herzegovina, Afganistán, Ruanda, Myanmar o Siria son solo inventos de la prensa, de los sobrevivivientes o de la imaginación colectiva.

El que olvida comete la gravísima falta de repetir una y otra vez la misma terrible historia. Aquí les comparto algunas fotos durísimas de una época que hubiera querido que rezo nunca jamás vuelca a repetirse.

♥️Esther

#weremember
#neveragain
#nuncajamás


Esther Lev Schtirbu
Comunicadora&Bloguera
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martes, 1 de mayo de 2018

¿DÓNDE SE COMPRA “ESO”?

Justo cuando había consolidado una audiencia en Facebook, justo cuando mi plataforma repuntaba, convirtiéndose en mi principal fuente de trabajo, justo cuando creía que me había puesto al corte con los Millenials, llegó Instagram...

No puedo con tanta información. 

Verán: yo soy modelo 1976. Por más que quisiera interiorizar todo lo que veo, leo y escucho en tiempo récord, mi “procesador” sigue siendo ‘old fashion’, para que suene muy glamoroso. Hasta que yo entiendo cómo funciona un nuevo app y logro ponerlo en práctica, ya se cotizan 350 nuevos en la bolsa de Nueva York...

En este ‘ride’ que estoy viviendo como bloguera estar “detrás del palo” -como suele sucederme- no está muy bien visto... Y tratar de competir con otros individuos del universo de las redes sociales es demasiado desgastante. 

Yo suficiente tengo con tratar de ganarme el sticker de estrellita como esposa, mamá y profesional, mantenerme vigente, fit y cuerda, como para además sucumbir ante lo que me exige el mercado.

Porque el mercado de las redes sociales exige. Y mucho. Exige crear un “personaje”, más allá de lo que uno es realmente, casi como un “yo ficticio” que debe cumplir con estándares muy altos y francamente agotadores.

Tras haber logrado entender cómo funcionaba el complicado mundo de Mark Zuckerberg, cuando por razones meramente laborales, tuve que iniciarme en Instagram, mi ideal de mantenerme fiel a mi esencia se empezó a ver amenazado...

Al ser gráfico casi todo el material de Instagram, es imperativo ser gráfico. Y eso me está costando un mundo. A mi me gusta escribir, se habrán dado cuenta si están leyendo esta nota. Y amo las fotos, desde el papel de fotógrafa y maquillista.

Mi vida es maravillosa, pero no tengo material para compartir con el mundo todos los días. De hecho si publicara mis fotos del “hoy y ahora” ya habría perdido los pocos seguidores que tengo en mi cuenta... 

Es entonces cuando me pregunto ¿dónde compro “eso”? Ese combo especial que tienen otras blogueras o ‘influencers’ -¡odio ese término!- para tener siempre “historias” que compartir, todos los días, varias veces al día, y además viéndose siempre perfectas, cada quien en su estilo, ya sea groncho metalero, yoguini vegano zen o fashion bling-bling...

Yo soy un desmadre. De veras. No se dejen engañar. Cuando me vean muy sofisticada en un post, créame, para una foto decente, hubo doscientas diecisiete, ¡sí 217! que acabaron en ‘delete’. 

Y es que mientras mi dedo índice pasea por la pantalla de mi teléfono inteligente, y veo las fotos de otros personajes que trabajan en redes sociales, mi auto imagen se desploma atropelladamente...

¿Cómo mierda pueden postear un #goodmorning, a primera hora de la mañana, viéndose cómo si hubieran salido de un spa cinco estrellas, enfundadas en una bata de seda completamente blanca, en una cama completamente blanca, acompañadas por un pinche perro maltés, completamente blanco, una bandeja de madera vintage sobre la cama con un capuchino con espuma en forma de corazón, unos macaroons apilados a la perfección, una compu de última generación color champagne y una plantita suculenta para decorar, mientras miran hacia el horizonte con cara de que durmieron como princesas y no tienen prisa por hacer nada?

Mi realidad es otra. 

Mis pijamas tienen 15 años y son el ejemplo perfecto de ‘anti-sexy’, las sábanas de mi cama son verdes, tengo un zaguate negro y mi perro blanco siempre está sucio, a mi computadora hay que darle tres mecos para que arranque, me levanto lagañosa, fea y marañosa, las ojeras que dan calambre, el cuello arrugado como un acordeón, pasa una hora y dos tazas muy, muy grandes de café hasta que puedo pensar algo congruente, y por supuesto cuando me pongo en marcha nunca me alcanza el tiempo... 

¿Dónde compran “eso”? Eso que las hace ver siempre frescas como lechugas de supermercado, a pesar de las variables de la vida y la puta humedad que caracteriza este país? ¿Dónde venden el plan prepago para quedar siempre divinas en las fotos y que todos creamos que sus vidas son idóneamente perfectas?

No puedo tener un perfil de Instagram que no represente mi realidad, porque yo no soy un personaje ficticio. Yo soy Esther Lev, tengo 41 años y me veo de 41 años, a mucha honra. Soy comunicadora, fotógrafa, maquillista, esposa y mamá de dos criaturas. 

Se me están aflojando los cachetes, tengo papada, manchas y arrugas, la panza fofosa y el trasero lleno de celulitis. Tomo anti depresivos y cardioaspirina. Me levanto con cara de pocos amigos, amo con locura y pasión, tengo muy buen sentido del humor, pero cuando me encachimbo soy peligrosa; mi vida es perfectamente imperfecta y nadie me prepara capuchinos con espuma de corazones en mi casa.

Yo me niego a ser un personaje de Instagram. Me niego a convertirme en una más del montón de mujeres que trabajan en redes sociales intentando desesperadamente calzar con una imagen que es insostenible en el tiempo y el espacio, por más filtros y adornitos que quieran ponerle a una publicación. 

Porque a todas -irremediablemente- se nos van a caer los proyectos, las expectativas, las ilusiones, los mofletes, las tetas y el fondillo. 
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#instagramisascam
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♥️Esther
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martes, 27 de febrero de 2018

MI PAPÁ

A pesar de que viví apenas unos años con mi papá, me veo y siento tan parecida a él en tantísimas facetas.

Papi fue un médico que amaba su profesión. Trabajó muchos años en el Hospital San Juan de Dios como Jefe de Medicina Interna y fue mentor de varios doctores que hoy lo recuerdan con gran cariño y admiración.

Su profunda vocación como internista y alergólogo lo llevó muchas veces a dar consulta privada gratuita a quienes más lo necesitaban.

Mi papá me enseño la importancia de hacer todo con dedicación - muchas veces sólo por amor- y que las cosas se ganan con esfuerzo y mucha perseverancia. De él aprendí a disfrutar el deporte, a ser ordenada con mis finanzas y mis proyectos, a apreciar las maravillas de la naturaleza, a amar a los perros, a enamorarme de la magia de la fotografía.

Hoy estaría cumpliendo 85 años. Se fue muy pronto. No conoció a nuestra Juli e Ian era un bebé que apenas gateaba.

En mi personalidad, en mi carácter fuerte y decidido, en la forma dr mi boca, en mis piernas largas, en la forma de mi pancilla prominente, en la forma de ver la vida, en tantos aspectos, soy mi papá.

Tengo un sueño recurrente en donde lo veo vestido impecable de pantalón gris, su característica guayabera y sus zapatos de cordones perfectamente lustrados. De pie, en la puerta de mi cuarto me pregunta "Mamita, ¿qué hay de nuevo en el cine?"

Disfrutábamos de comentar los estrenos. Papi no vivió la locura tecnológica, ¡pero le hubiera fascinado Netflix! A veces solo querría poder conversar un rato con él, que existiera un Whats App al cielo, contarle todo lo que ha pasado en estos once años, que se sintiera orgulloso de cómo he seguido sus consejos.

Al pie de la letra.



Esther Lev Schtirbu
Comunicadora / Fotógrafa
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