lunes, 30 de julio de 2018

LAS VUELTAS DE LA VIDA

Hoy, como casi todas las semanas fui a visitar a mi tía Lydia a Curridabat. Esas visitas se han convertido en parte de mis “cosas favoritas” y las disfruto muchísimo.

No solo conversar con mi adorada tía me hace muy feliz, sino que atravesar San José -aunque ustedes no lo crean- realmente me encanta, probablemente porque mi vida sucede en el oeste y lo hago tan poco que me resulta como un paseo.

Hoy había estado escuchando “The Moth” un podcast de historias -todas muy diversas- contadas por gente de muchos lugares, bajo el formato de ‘storytelling’, que tanto me gusta.

Las escuché buena parte de la mañana mientras caminaba con mi perrita por Escazú, y muchas me conmovieron porque en la mayoría de los casos apelaban a eso tan especial que nos une como seres humanos: la empatía y el amor.

Cuando llegué a la casa de mi tía, aún no se había ido Grace, la señora que trabaja con ella desde hace 38 años. Dos años antes de empezar a ayudarle a mi tía, Grace trabajó en casa de mami. Llegó cuando yo era una bebé muy bebota...

Siempre que la veo siento una gran alegría. Es talvez la persona que más recuerdos tiene de mi primera infancia, y cuando me cuenta alguna anécdota, me da una enorme ternura.

Hoy apenas me vio entrar me preguntó si le podía cortar el pelo. Hace muchos años -aún siendo soltera- estuve en Barcelona estudiando peluquería y estilismo. Aún saco mis afiladas tijeras y peines de vez en cuando y mi tía es de mis más fieles clientes.

Estaba tan contenta de poder cortarle el pelo a Grace y me parecía tan maravilloso poder devolverle con esa sencilla acción un poco de todas las atenciones y amor que me dio siendo yo una bebé.

Mientras la peinaba e iba dándole forma al corte, Grace me preguntó que hacía. ¿Cómo resumirle los últimos veinte y tantos años en media hora? A velocidad Speedy González le conté que había estudiado, lo que realmente me gustaba hacer y por dónde me había llevado la vida.

Nos mirábamos en el espejo del baño y me resultaba tan gratificante -y loquísimo- estar allí, conversando de mujer a mujer, con quien me sostuvo tantas veces en sus brazos al chinearme...

La vida da tantas vueltas.

Nos lleva por caminos que nunca imaginamos atravesar, nos desvía, nos obliga a tropezar, retroceder, volver a levantarnos, nos hace reencontramos con gente que ha tocado nuestras vidas, marcándola para siempre.

Los primeros años de la vida de un niño son definitorios. No lo entendemos hasta que tenemos nuestros propios hijos. Grace me dio todo su amor, y yo hoy tuve la suerte inmensa de devolverle un poquito.

¡Gracias Grace, por todo!

Esther

*Sé que parezco un maecillo. ¡Pero soy yo con Grace! Mi mamá me usó el pelito corto como hasta los tres años de edad y con esa panta roja... No hay nada más que agregar.🤣🤣🤣

Esther Lev Schtirbu
Comunicadora&Bloguera
Fotógrafa&Maquillista


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PORFAVOR, UN RESPIRO

Hace un par de días estaba en un local comercial con mi hija de 10 años, esperando a que me atendieran, y había un televisor. Pasaban las noticias de la farándula internacional y estaban mostrando un corto del último video de Paulina Rubio.

Lo vi por escasos dos minutos, pero fue suficiente para que se me salieran mis pequeños ojitos de sus órbitas y se me cayera la quijada hasta el ombligo. No porque antes no hubiera visto contoneos, gestos y miradas en otros videos de Shakira, Beyoncé, Rihanna, Maluma, Ricky Martín, Nicky Jam, Justin Bieber, etc., etc., etc., sino porque sentí pena de que mi hija viera y escuchara todo aquello como lo más normal.

No lo puedo evitar. Me choca. Y eso que me encanta bailar reggaetton y todos los géneros similares, pero cuando me detengo y pongo atención a la letra de la mayoría de las canciones, me quiero morir...

Aquí un breve ejemplo de las frases más célebres de esos piezones que resuenan desordenadas en mi cabeza, y que repiten mi hija e hijo pre-adolescente como si recitaran Los Pollitos...

“Ven pa’ aquí bebé/ Que te voy a dal/ ¡Prá-Prá-Prá!/ Un poquito por aquí/ Un poquito por allá/ Dame de bebel/ De eso tuyo/ Que me llena de olgullo...”

O mejor aún:

“Esas culvas tuyas/ Me hacen soñal/ Te voy a tocal/ Prá- Prá-Prá/ Hasta que no puedas respiral/ Mamacita-baby déjate lleval/ Yo te voy a amal/ Hasta que conmigo quieras estal...”

¿Porqué mierda insisten en llamar a las mujeres “bebé”? ¿Qué somos? ¿Criaturas indefensas y dependientes? ¿Pobres seres sin capacidad de discernir como un bebé de meses?

¿Y si ella no le quiere “dal”? ¿Y si no le quiere “amal”? ¿Porqué todos los mensajes de estas canciones predisponen a las mujeres a someterse a los designios de los hombres en contra de su voluntad?

Y si las letras me paran la peluca, no les cuento de los videos... Incluso si los pusiéramos en ‘off’, las poses, las caras y los movimientos son tan explícitos, que rayan en lo pornográfico. Sí, en lo pornográfico. La única diferencia es que tienen un poquito más de ropa y no hay copulación, para que suene más científico.

Parecería que para poder llevarse un Grammy entre la manos, hay que hablarle a la cámara chupándose los labios y los dedos subliminalmente, toquetearse con cara de orgasmo todo el cuerpo, y moverse con espasmos sexualizados de principio a fin...

En mi adolescencia lo más subidito de tono era Madonna. ¡Y era revolucionario! Los demás videos de los 80s y 90s que perduran en mi memoria fluctuaban entre historias de amor imposible o filmaciones que parecían hechas en casa, donde los artistas tocaban los instrumentos, cantaban y se movían al ritmo de la música, así, de una lado para otro, relax.

Recuerdo que cuando era niña, si había una escena de besos apasionados o sexo en la TV, mi mamá y mi hermana me obligaban a taparme los ojos y las orejas. Todavía de adolescente -ya bien mamulona- me pesqué más de una vez haciendo lo mismo.

Hoy día los chicos a partir del día uno que nacen están expuestos constantemente a mensajes relacionados con el sexo; rozarse, tocarse y besarse al ritmo del “Prá-Prá-Prá”, con más de uno. Ese es el más común de todos. En mi primera juventud le decíamos una “orgipiñataculibailable” y no era bien visto...

Hoy las imágenes más frecuentes incluyen tener sexo con ropa a la luz y paciencia de todo el mundo, beber en proporciones descomunales y terminar todos revueltos y tumbados en algún sofá de una casa que desconocen...

Las famosas son casi todas cortadas con la misma tijera: frondosas cabelleras rubias al estilo leona salvaje, maquillaje de chica interesante y una muestra de atuendo que -cómo diría mi mamá- tiene menos tela que una servilleta.

Los caballeros de pantalones tan ajustados que no sé cómo hacen para moverse, chaqueta de cuero, anteojos oscuros -sin importar que momento del día sea- corte de pelo a lo militar, gorra estilo tarado mal puesta, brillantes en las orejas y algo todavía más bling-bling sobre el pecho o la muñeca.

Eso es lo que ven mis hijos -y los suyos- todo el tiempo. Eso es lo que perciben como normal. Yo no soy mojigata, pero me molesta que nos hayamos convertido en una sociedad que avala y promueve estereotipos tan machistas, que descalifican y cosifican a las mujeres todo el tiempo, haciéndola quedar como el objeto de deseo que el macho alfa no está dispuesto a ceder, incluso si eso implica ir en contra de su voluntad.

Seamos más cautos y vigilantes de lo que ven nuestros hijos, las niñas y los niños. Enseñémosles que la cultura del meneo, de las trompitas sugestivas, de los ‘selfies’ pasaditos de la raya y de eso de mostrar las tetas y el trasero a como de lugar no está bien, no es “lo normal”.

Y expliquémosles que toda esa basura que entra por sus ojos y sus oídos es una muy mala y barata estrategia de mercadeo para ganar adeptos, subir rankings y hacerse de uno que otro reconocimiento.

♥️Esther

Esther Lev Schtirbu
Comunicadora&Bloguera
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DE CONEXIONES CEREBRALES Y NOTAS MUSICALES

Hoy fui a mi primera clase de guitarra. Había estado indecisa por meses y finalmente tomé la decisión hace unas semanas.

Iba tan nerviosa que no tienen idea...

Verán yo soy de las artes visuales; la fotografía, el maquillaje, dibujo, costura, diseño gráfico, manualidades. Digamos que mi oído musical no es tan requetemalo por haber hecho ballet tantos años siendo niña y adolescente, pero eso de leer un pentagrama o seguir instrucciones, bueno, no es lo mío.

Lo que más ansiedad me generaba es que no había vuelto a una clase de este tipo en mucho, muchísimo tiempo, desde que decidí estudiar peluquería y estilismo en el 2001 ¡Hace 17 años!

Y en esa oportunidad, mal que bien, estaba en mi charco. La fotografía llego de manera autodidacta y para esto de ser bloguera pues honestamente no hay graduarse de una maestría, con algo de sentido común y visión se saca la tarea.

¿Pero la música? La música es cosa seria.

En mi fantasía más loca yo voy a tocar la guitarra -y a cantar- como Rossana, una de las cantautoras españolas que más adoro. Su CD “Lunas Rotas” me acompaña desde hace casi dos décadas y si hay algo que disfruto es cantar a todo galillo sus baladas, absolutamente sola e inspirada, entre las cuatro puertas de mi carro...

En mi primera clase de guitarra me di cuenta que si bien nunca es tarde para aprender, a los casi 42 cuesta el doble. No, el triple. Sin mentirles, hoy pude sentir como mis conexiones cerebrales estaban haciendo corto circuito... ¡Chaz, chaz, chaz hacían las pobres, unas contra otras! Coordinar cabeza, ojos y manos parece ser sencillo, pero es complicadísimo, para no decir ¡de la p... madre!

Tanto, tanto me costó que mi cabeza le dijera a mis deditos dónde colocarse que cuando me di cuenta mi panza me había hecho su jugarreta, y una gran mancha de sudor se posaba sobre mi camiseta.

A mi me suda la panza a chorros. Aunque me ponga talco para bebés. No sudo en ninguna otra parte, pero la zona de la panza es tremendo, vergonzoso... Y si estoy nerviosa o concentrada, ¡es aún peor!

Cuando bajé la guitarra le dije a a David, mi profesor, que me daba mucha pena, pero cuando me ponía ansiosa la panza me sudaba copiosamente, a lo que -por supuesto- se río muchísimo, ¡por suerte!

En fin... Tras un poco más de una hora, hoy aprendí que salirnos de nuestra zona de confort es tan necesario, para mantenernos jóvenes, alertas y cerebralmente sanos.

No creo que vaya a poder emular a Rossana, pero la satisfacción de estar aprendiendo algo nuevo y desafiante ya por sí solo es como ganarme un Grammy.

Y quien sabe, en una de esas y me dejo tocar la guitarra y cantarles una canción.

¡Gracias David por una primera clase tan amena y divertida!

PS: ¡Estamos haciendo grupo, por si alguien quiere apuntarse en el desafío!🎸🎸🎸

Esther Lev Schtirbu
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